El teatro como forma de resistencia y activismo social

El teatro es una forma de arte que ha sido utilizada históricamente como herramienta de resistencia y activismo social. A través del teatro, los artistas han podido expresar sus opiniones sobre cuestiones políticas y sociales, y han desafiado las normas establecidas.

Además, la audiencia o el público también ha tenido la oportunidad de identificarse y hacer saber sus puntos de vista sobre las temáticas que se llegan a interpretar en los diferentes escenarios a lo largo y ancho del planeta, por lo que su influencia es a nivel general.

El teatro como forma de protesta

Sin lugar a dudas, el teatro ha sido utilizado como una herramienta de protesta contra el gobierno y otros poderes establecidos. Incluso, en muchos países, hay obras que han sido censuradas o prohibidas porque hacen críticas contundentes del sistema político o social.

En algunos otros casos, los artistas han sido encarcelados o perseguidos por sus actuaciones. Por ejemplo, en Argentina, la obra de teatro «La nona» fue prohibida por el gobierno militar en la década de 1970, debido a que presentaba una visión satírica de la familia argentina.

El teatro como forma de resistencia y activismo social

El ejemplo más sistemático es el Teatro del Oprimido de Augusto Boal, desarrollado en Brasil durante la dictadura: la función se detiene y cualquiera del público puede subir a sustituir al protagonista para probar otra salida al conflicto. Boal acabó exiliado y el método se difundió por Europa y América. En España, durante el franquismo, los grupos de teatro independiente cumplieron una función parecida sorteando la censura con alegorías y clásicos releídos.

Es un impulsor del empoderamiento

Aunque no lo parezca, el teatro también ha sido utilizado como forma de empoderamiento de grupos marginados o minoritarios. Existen obras teatrales que pueden dar voz a aquellos que no la tienen y presentar historias que suelen ser ocultadas.

Tal es el caso de la obra «The Laramie Project» de Moisés Kaufman, en donde se presenta la historia del asesinato de Matthew Shepard, un joven gay, así como la reacción de la comunidad de Laramie, Wyoming. Este espectáculo audiovisual dio más poder a la comunidad LGBTQ y la ayudó a aumentar la conciencia sobre la violencia que afrontan día a día.

Asimismo, ha dado auge a los movimientos inmigrantes en el mundo, así como a la desigualdad que existe sobre los derechos de las mujeres, el rechazo a las personas con discapacidad, entre otros.

El teatro comunitario trabaja justamente sobre esa idea: quien cuenta su propia historia en escena deja de ser un caso del que otros hablan. Hay proyectos con mujeres víctimas de violencia, con presos, con personas sin hogar o con vecinos de barrios estigmatizados, y el objetivo declarado casi nunca es artístico sino devolver a un grupo el control de su propio relato.

Está ligado a la conciencia social y política

Es un hecho que el teatro ha influido en la conciencia social y política en diferentes contextos históricos y culturales, y es que ha sido utilizado para abordar temas importantes que promueven el cambio social.

Un ejemplo claro de ello es el papel que jugó en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. También tomó parte en la ardua pelea por los derechos civiles en Estados Unidos así como en la batalla que se libró por la democracia en América Latina.

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Conviene no exagerar el efecto: una obra rara vez cambia una ley. Lo que sí hace es poner un asunto en circulación y darle rostro. A Raisin in the Sun llevó la segregación inmobiliaria a Broadway en 1959, y Angels in America hizo con el sida en los noventa algo que ningún informe consiguió: convertir una estadística en dos personas concretas a las que el público acompañaba durante horas.

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La Sala Ars Teatre está en el centro de Barcelona, en el carrer de les Jonqueres, 15.